El pensamiento
Chino - Occidental - Hindú
Séneca

Lucio Anneo Séneca,
que
nació en Córdoba el año 4 de nuestra era y murió en Roma el 65
obligado a suicidarse ante las acusaciones de su discípulo el emperador Nerón
-terrible momento en el que dio muestras de una entereza y una serenidad bien conforme a sus doctrinas-
fue una de las personalidades mas grandiosas y singulares del mundo clásico,
así como de la literatura universal.
 


Cartas morales a Lucilio
"el arte de vivir"

Cartas morales a Lucilio
"el arte de vivir"

La opinión común y el acierto

Razón y opinión

La felicidad verdadera

Definiciones del sumo bien

La libertad del sabio

Placer y felicidad

Oposición de la virtud y el placer

Vivir según la naturaleza

El placer sobrevenido

La actitud ante el placer

Impotencia de la sabiduría epicúrea

El peligro del epicureísmo

El verdadero sentido de la doctrina de Epicuro

El riesgo del placer

Obedecer a Dios es libertad

La felicidad del sabio

Los principios y la conducta

La malevolencia no respeta a nadie

La envidia, origen de la maledicencia

El valor del esfuerzo filosófico

Las preferencias del sabio

El papel de las cosas preferibles

El uso de las riquezas

El arte de dar

El apego a las riquezas

El necio y el sabio

El ejemplo de los filósofos

La amenaza prevista

 


Carta CI
Reflexión sobre la vida y la muerte


Pensando en Seneción Cornelio que era un
"
caballero romano magnifico y servicial de origen humilde" conocido de Séneca



Cada día, cada hora, nos revela la nada que somos y viene a recordarnos con nuevo testimonio nuestra olvidada fragilidad: entonces si meditamos las cosas eternas, nuestras miradas tendrán que dirigirse a  la muerte.

¿Me preguntas qué significa este comienzo?

Tu conocías a Seneción Cornelio,
caballero romano magnifico y servicial; de origen humilde, se elevó por sus propias fuerzas y llegó a tener abierto el camino de las más altas dignidades. Pues las dignidades crecen mas fácil que comienzan. También el dinero es mas perezoso en venir a nosotros cuando somos pobres; cuando ya nos ha sacado de la pobreza ya no se aparta de nosotros. Seneción estuvo a punto de poseer grandes riquezas, a las cuales le conducían a dos virtudes eficacísimas: el arte de adquirirlas y el de guardarlas, una sola de las cuales habría bastado para enriquecerle.

Este hombre dotado de gran sobriedad, tan atento a su patrimonio como a su salud, aquella mañana me había visitado como de costumbre, había asistido todo el día y parte de la noche a un amigo enfermo y desahuciado, y después de haber cenado alegremente, sufrió el ataque de una dolencia fulminante, la angina, que, apretándole la garganta, lo tuvo agonizando hasta la madrugada. Hete pues, que luego de pocas horas de haber cumplido con los oficios de un hombre sano y robusto, falleció. El, por cuyas manos había pasado tanto dinero, que no habiendo dejada intacta ninguna suerte de negocios había intentado también los públicos, entre las corrientes de riquezas que a él afluían, fue arrebatado de entre nosotros.

"Ahora Melibeo, injerta los perales, ahora dispón en orden las cepas"

¡
Qué locura es que haga planes para una larga vida quién no es dueño ni del mañana!

¡Que demencia son las largas esperanzas de los hombres emprendedores!


"Compraré y edificaré, pondré dinero a rédito, cobraré, me encargaré de cargos honoríficos--dicen tales hombres--, y entonces, por fin, fatigado de tantos trabajos y cargado de días,

¡
pasaré una tranquila ancianidad!"

Harto debes creerme cuando digo que todo anda lleno de incertidumbre, aun para los hombres afortunados; nadie puede prometerse cosa alguna en el futuro, pues aquello mismo que poseemos se nos escapa de las manos, y aun la hora que nos sirve de sostén nos corta el azar. El tiempo se desarrolla según leyes fijas, pero que queda en la oscuridad:

¿que me importa que sea cierto para la Naturaleza aquello que es incierto para mí?.

Nos proponemos largas travesías y un lejano retorno a la Patria, después de haber recorrido playas extranjeras; nos proponemos campañas militares y remotas recompensas de los méritos de guerra, gobiernos de provincias y ascensos de cargos, y, mientras, llevamos la muerte a nuestro lado, en la cual solo pensamos en la persona de los demás, de donde proviene que los ejemplos de mortalidad, que tan a menudo podemos observar, no nos causen más que una primera sorpresa.

Y
¿que cosa más necia que admirarse de algo que cada día puede suceder?

Nuestro término queda bien firme donde lo ha fijado la inexorabilidad del Destino, pero ninguno sabe a que distancia nos encontramos de aquél. Es menester, pues, que dispongamos de nuestra alma como si hubiésemos llegado a nuestro fin. No aplacemos nada: saldemos cada día nuestras cuentas con la vida. El mayor mal de ésta es que siempre es incompleta, que siempre nos reservamos una parte para el futuro. Al que cada día sabe dar a su vida el último golpe de mano, no necesita tiempo.

Es de esta falta de tiempo de donde nace el temor al futuro y el afán de alcanzarlo que nos roe el alma. Nada tan lleno de miseria como la duda sobre la manera de como acabarán las cosas que nos acontecen, y que cualidad tendrá. He aquí lo que agita nuestra inquieta alma con inacabables terrores.

¿Como podremos escapar de esta tortura?

Sólo un medio existe: no calcular muy larga nuestra vida, antes concentrarla; porque si el futuro mantiene en suspenso nuestro ser, es porque nuestro presente es inútil. Pero cuando ha cumplido todo lo que debía, cuando el alma llena de firmeza sabe que entre un día y un siglo no existe diferencia alguna, podremos contemplar desde una magnífica altura todos los días y todas las cosas que tienen que venir y solo pensaremos con gran ironía en la copia de años.

¿como podría perturbar a nuestra alma la variedad e inconstancia de los azares, si se siente firme contra las cosas inseguras?

Apresúrate pues querido Lucilio a vivir, y ten cada día por toda una vida.

Quien se halle con el ánimo dispuesto de esta suerte, quien cada día viva toda su vida, se sentirá seguro; los que viven de esperanzas, ven caer el tiempo en cuanto llega, y les invade el temor y la avidez a la muerte, sentimiento miserable y que torna miserables todas las cosas.

De aquí nace aquél
vergonzosísimo deseo de Mecenas que no habría rehusado ni la mutilación ni la deformidad, ni tan solo el tormento de la cruz, si estas calamidades tuviesen que prolongarle la vida:

"que me vuelva manco,
que sea cojo de un pie,
ponme una joroba en la espalda,
que se me meneen los dientes,
mientras que me quede la vida todo lo acepto,
aun colgado de una tortuante cruz desearía conservar la vida"

Aquello que si sucediese representaría la mayor desventura, es destacado; se pide la prolongación del suplicio, como si eso fuese la vida. Yo consideraría ya harto despreciable si quisiera vivir hasta llegar a la cruz. Pero tú, dice "mutílame si quieres, mientras en el cuerpo maltrecho e inútil permanezca el espíritu; córtame los miembros, mientras ese ser monstruoso y desfigurado pueda disponer aún de un poco de tiempo, querría vivir aunque me hicieseis estar sentado sobre un palo puntiagudo."

¿Vale la pena respirar para expirar?

¿Que desearías para éste , sino unos dioses condescendientes?

¿Que significa el vergonzoso afeminamiento de esos versos
y el pacto con la más desdeñada de las torturas?

¿Que viene a ser ese andando mendigando tan bajamente la vida?

¿Crees que Virgilio dijo para éste aquel su verso:

"¿Es tan grande la desventura de morir?"

Se desea el mayor de los males y el mas difícil de soportar ser crucificado y sostenido en la cruz.

"¿Para que recompensa? Para alargar la vida. Pero ¿qué vida es una muerte prolongada?

¿Ha sido posible encontrar a un hombre que quiera languidecer entre súplicos y morir miembro a miembro vertiendo gota a gota la vida que podría exhalar de una vez; un hombre que clavado en el leño de la desventura, ya desfalleciente y desfigurado, y oprimido el pecho y las espaldas por un tumor repugnante, temiendo, sin la cruz, muchas causas de muerte, quiera arrastrar aún su alma que ya arrastra consigo tantas torturas?

¡
¡Y todavía me negarás que la necesidad de morir es un gran beneficio de la Naturaleza!

No pocos estarían dispuestos a pactos aún mucho peores:

a traicionar a un amigo para vivir más tiempo

a entregar a sus hijos para ser violados con tal de ver durante más tiempo la luz, conocedora de tantos crímenes.

Es menester liberarse del deseo de vivir, y aprender que no tiene importancia el tiempo que hayas de padecer aquello que es preciso que padezcas alguna vez.

Lo que importa no es que vivas mucho, sino que vivas bien; y a menudo vivir bien consiste en no vivir mucho.

Consérvate bueno.


Obras de Séneca


 

Cartas morales a Lucilio

Apocolocyntosis divi Claudii

Naturales quaestiones


Diálogos


De la serenidad del alma

De la brevedad de la vida - De la firmeza del sabio

De los beneficios - De la felicidad

De la clemencia - De la providencia

De la ira - Del ocio


Tragedias


Hércules furioso - Las troyanas - Medea

Hipólito - Edipo - Agamenón - Tiestes - Octavia

Hércules en el Eta - Las fenicias - Fedra


Consolaciones


Consolación a Marcia - Consolación a Polibio
Consolación a Helvia



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